Desnutrición y deserción escolar son algunas consecuencias de la crisis que alimenta la esclavitud infantil en las minas

El Día Internacional de los Derechos del Niño se celebra cada 20 de noviembre en conmemoración a la aprobación, por parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de dos tratados internacionales trascendentales en la defensa de los Derechos Humanos de los infantes: la Declaración de los Derechos del Niño en 1959, y la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (CIDN) en 1989

La devastación que ha traído consigo el régimen y la grave crisis a la que ha sumido al país han traído como consecuencia la absoluta desprotección de los venezolanos y con ello, el despojo de la infancia y la niñez como parte de la cruda realidad que se vive en Venezuela. Desde la puesta en marcha del ilegal Arco Minero, se ha exacerbado la violencia y la criminalidad al sur del país, donde la esclavitud, explotación y la muerte son parte de los graves flagelos a los derechos humanos, de los que no escapan los niños, niñas y adolescentes, quienes son arrastrados al medio criminal de la minería en Venezuela.

Como lo ha denunciado el Comisionado presidencial, Diputado Américo De Grazia, nuestro territorio se encuentra ocupado por grupos terroristas como los agentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), del Ejército de Liberación Nacional (ELN), del Hezbolá y del Hamás.

Los niños, niñas y adolescentes son los más vulnerables ante estos grupos armados de dominación, especialmente los menores de los pueblos originarios. Una de las comunidades indígenas más afectadas son los waraos, en la Sierra Imataca, zona tejida como reserva forestal.

A varios menores de edad se les ha visto en las zonas portando armas. “A los niños indígenas los reclutan, a propósito de ingresarlos a sus filas. Hay niños indígenas con armas de fuego incluso más grande que ellos mismos, y que son entrenados en las distintas zonas, desde Amazonas hasta el Delta del Orinoco”, dijo el Comisionado.

“La condición de los niños en estas zonas es de absoluta vulnerabilidad, de abuso sexual, laboral y crematístico, porque trabajan y lo que les dan es apenas para la comida. También hay desnutrición y deserción escolar. Y un niño al que le cierran la escuela y le niegan la comida, no le queda otra que servir a toda esta organización criminal”, explicó De Grazia.

A los infantes no solo se les utiliza para la extracción de minerales, son empleados para entrenarlos como sicarios, traficantes de oro, de diamantes y otros minerales; también de drogas.

La Acnudh (Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos) señala que niños y niñas de tan solo nueve o diez años trabajaban en las minas. En estos trabajos que se hacen en gran medida sin contratos formales, dice el informe, el patrón de explotación laboral es que los mineros se ven obligados a entregar entre el 10% y el 20% del mineral extraído a los grupos criminales, y alrededor del 15% al 30% al propietario del molino donde se trituran las rocas para la extracción de oro.

A todo esto se le suma que a los menores de edad los utilizan como buzos, sin oxígeno, para explotar el coltán. Esta, según el informe de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, es una de las prácticas de minería más utilizadas en el Arco Minero del Orinoco y consiste en la excavación de grandes cráteres en la superficie terrestre.

Foto: Raisg

En las minas, los asesinatos de los niños y adolescentes se producen, en su mayoría, porque son utilizados como carne de cañón. De Grazia explicó que los menores de edad mueren tapiados, porque los usan como “bulleros”, un término que se refiere a que cuando hay una “bulla” de que en algún cerro hay oro, los mandan a verificar si esto es cierto. Si se produce algún desplazamiento de tierra, muy comunes en estos territorios, mueren de esa forma.

Según un documento de la Acnudh, citando estadísticas del régimen de Nicolás Maduro, en el año 2019 en el estado de Bolívar se registraron 36 homicidios por cada 100.000 habitantes; sin embargo, señala, la organización no gubernamental Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) que la cifra fue de 84 homicidios por cada 100.000 habitantes. 

Casos de menores en el Arco Minero del Orinoco

Un informe publicado a principios de 2020 por la ONG Human Rights Watch (HRW) recogió testimonios de menores de edad que estuvieron en el Arco Minero. Entre ellos, un niño de 16 años de edad, con fractura de columna provocada por el golpe de un tronco mientras usaba una manguera de alta presión sin ningún tipo de protección. Otro de 17 años de edad, contó haber visto a miembros del sindicato amputar dedo por dedo de las manos de un minero acusado de haber robado oro, antes de amputarle lo que quedaba de ambas manos. Dijo que lo hicieron frente a otros mineros para que “todos pudieran ver”.

Violación, trata y prostitución

La explotación minera también genera otro tipo de violencia: la sexual. En estas zonas, las mujeres, además de trabajar en las minas y como cocineras, son víctimas de violaciones, prostitución y trata. Muchas de ellas son niñas y adolescentes. De acuerdo con el informe de Bachelet, la prostitución se organiza ya sea en pueblos cercanos o dentro de las zonas mineras en las llamadas “currutelas”, que son barracones construidos con tablones de madera “cuyos propietarios abonan una tarifa a los grupos criminales para poder organizar su actividad”.

Asimismo, la organización de Mujeres Amazónicas Wanaaleru, en el informe Mujeres al Límite 2019, detalló que la violencia hacia las mujeres por motivos asociados a la actividad minera se centra en la construcción de poblados donde se instalan bares, casas de prostitución y ventas de comida controladas y administradas por los mismos trabajadores de la minería, quienes terminan haciendo negocios con fines de explotación sexual que derivan a su vez en altos índices de feminicidios y violencia territorial.

Este documento señala que la mayoría de las mujeres compradas son niñas y adolescentes quienes son violadas, maltratadas y obligadas a involucrarse en actividades criminales por militares, mineros o grupos armados. Las niñas y adolescentes que se encuentran obligadas en la vitrina de escogencia para intercambios sexuales o compra de esclavas son cambiadas por gramos de oro (entre 5 y 10, según la organización). Las más pequeñas, dicen, son las más costosas, pues mientras más edad tenga la mujer será menos solicitada y, por lo tanto, más económica. 

Preocupados por esta lamentable realidad, la Acnudh recomendó al régimen de Nicolás Maduro adoptar medidas urgentes para poner fin a la explotación laboral y sexual, el trabajo infantil y la trata de personas dentro de este territorio.

La Comisión Presidencial para el Arco Minero y Ambiente también alza su voz para que dejen de existir tantos atropellos y violaciones de derechos humanos a niños, niñas y adolescentes, para que tengan una infancia digna, tranquila y sin traumas; y dejen de ser tratados como objetos y mercancía. 

Comisión Presidencial para el Arco Minero y Ambiente

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